Los mercados han vivido una semana de auténtica locura. El IBEX 35 igual se pegaba la castaña del año como conseguía la subida mayor del ejercicio. En medio de la borrasca ha estado el sistema financiero español. La nacionalización de Bankia ha marcado el paso desde que el lunes su presidente Rodrigo Rato anunciara que abandonaba. Los entresijos de la operación se fueron desvelando poco a poco mientras el valor, con la total responsabilidad de la CNMV seguía cotizando y perdiendo. Hasta 700 millones ha llegado a perder, más de un 40 por ciento desde que salió a bolsa.
También en el centro de todas las miradas nacionales e internacionales ha estado el gobernador del Banco de España por su inacción desde hace años y especialmente en los últimos meses. Incluso Bruselas se ha mostrado dispuesta a que una auditora privada inspeccionara al sistema financiero español, un guante que el Gobierno ha recogió y nombrará a dos expertos independientes para valorar los activos de bancos y cajas. El remate a toda la situación se produjo el viernes con la aprobación por parte del Gobierno de nuevas normas relativas a los activos inmobiliarios y provisiones, normas que todo el mundo espera que sean definitivas para el saneamiento del sector.
Por si esto fuera poco, en una semana de auténtica pasión para el Gobierno, las autoridades europeas están convencidas de que España no podrá cumplir con sus objetivos de déficit. La cuestión está en que si nos acaban dando más tiempo, los intereses de la deuda lo pagarán caro. Veremos cómo se traga el mercado este cúmulo de noticias y cuál es el comportamiento de la bolsa, de la prima de riesgo y el interés del bono a 10 años.
En las últimas semanas, la comparecencia de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría tras el Consejo de Ministros lleva camino de convertirse en récord de audiencia. No ha habido una sola comparecencia que no nos haya dejado el ánimo encogido y ni una sola medida que no exija de los ciudadanos una vuelta de tuerca a los ya maltratados bolsillos.
El viernes, de nuevo, con toda probabilidad, Soraya Sáenz de Santamaría anunciará nuevas medidas y si es así, con toda seguridad alguna de ellas recaerá sobre los ya escuetos sueldos de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Son tiempos de sacrificios de los que los ciudadanos son, somos bien conscientes e incluso estamos dispuestos a asumir, pero la sociedad necesita coger aliento para poder seguir adelante. No ha engañado el Gobierno cuando afirma que los frutos no los vamos a ver de inmediato, ni engaña cuando indica que sólo en intereses de la infernal deuda tenemos que pagar mas de 30 mil millones de euros y, naturalmente, hay que tomar medidas.
Pero, insisto, hace falta coger aliento y bien estaría que antes o al mismo tiempo de que nos digan que tenemos que pagar por circular por las autovías nos dieran un listado de instituciones que nadie sabe lo que cuestan ni nadie tiene claro cual es su rentabilidad.
¿Costaría mucho un gran acuerdo nacional para suprimir los diecisiete defensores del pueblo que actualmente hay en España? ¿Es necesario que existan hasta tres “ventanillas” para gestionar el Turismo en muchas comunidades autónomas? Esto no es cuestionar la esencia del estado autonómico, sino de buscar una pizca de racionalidad en el entramado institucional español. ¿Tiene sentido que un pasajero, solo uno, del aeropuerto de Huesca cueste al erario público más de mil euros?
Es verdad que algunas de las medidas adoptadas van en la dirección de introducir racionalidad a la pérdida absoluta de sentido común que ha presidido la gestión autonómica. Tanto PP como PSOE cuando han tocado poder autonómico han padecido de una auténtica borrachera de hacer por hacer y ahora, todos, pagamos las consecuencias.
Rajoy ha anunciado que de aquí al verano, todos los viernes se anunciaran nuevas medidas. El Gobierno está dando muestras más que suficientes de que se ha trazado un camino del que no se va a desviar. Sus ministros asumen que de “esta podemos salir todos achicharrados, pero no hay otra” pero deben tener cuidado porque los ciudadanos podrían estar llegando al límite de su resistencia, de su esperanza y un país cansado tiene tanto riesgo como un país enfadado.
Es probable que hoy viernes nos volvamos a quedar perplejos y ante esta realidad, el Gobierno debe buscar la fórmula para evitar, cuando menos, el desaliento que ha comenzado a cundir incluso entre aquellos que sin reserva alguna creen que el Gobierno hace lo que debe que, en ningún caso, es lo que le gusta.
El Consejo de Ministros de hoy, promete. Con toda seguridad, el Ejecutivo aprobará las medidas anunciadas el jueves por la ministra de Sanidad destinadas a tratar de ahorrar o disuadir del desmesurado uso de medicamentos. España es el segundo país del mundo que más fármacos produce y, es seguro, que el que más tira el dinero en medicamentos no utilizados. La ministra lo cifró en 1.300 toneladas.
La polémica estaba y está asegurada. Soy de las que cree que cuando el Gobierno adopta la medida no lo hace de manera caprichosa. Nunca pensé que Zapatero recortara el salario a los funcionarios públicos porque la idea le hacía gracia. En este momento se acude a una nueva política en lo que al gasto farmacéutico se refiere como alternativa, según la ministra, al copago por prestaciones médicas. Entre una opción y otra no cabe la menor duda que la adoptada es la menos gravosa para el estado de bienestar, con el añadido de que en toda Europa se paga por los medicamentos.
El Gobierno no ha descubierto la pólvora. Ya pagábamos por las medicinas y lo hacían incluso los parados, sector vulnerable por excelencia. Ahora no lo harán pero sí los pensionistas, en función de sus percepciones y ha sido este punto el que ha levantado ampollas. La crítica que suscitado es bien legítima pero los términos en los que algunos la hacen roza lo absurdo. Afirmar, sin datos, que con esta medida nuestros pensionistas van a morir antes, es tal exageración, tal demagogia que vacía la critica de cualquier contenido creíble y responsable. Ojalá nuestros pensionistas estuvieran mejor remunerados, mejor y más protegidos. Ojalá pudiéramos seguir viviendo como vivíamos, sin temor a perder el puesto de trabajo, sin incertidumbre cara al futuro más inmediato.
Ojalá los que tenemos hijos en edad de trabajar no estuvieran en paro y los que trabajan no lo tuvieran que hacer por mil euros en jornadas de doce horas. Ojalá, el paraíso fuera posible. Pero eso se ha acabado y mientras no se tome conciencia de ello, algunos irán de susto en susto. Suecia, paradigma del estado de bienestar, de la socialdemocracia más pura, en su momento puso patas arriba su estado de bienestar. Lo puso boca abajo y hoy Suecia no es la que era, pero continúa siendo un paradigma. Lo mismo cabe decir de Alemania -hay copago sanitario y farmacéutico- que si hoy vive sin nuestras zozobras es porque un socialdemócrata como Schröder hizo una reforma laboral en toda regla que después de un tiempo ha llevado a Alemania a tener unos índices de paro que a nosotros nos suenan casi a broma.
Estamos abocadas a grandes reformas. Estas se pueden afrontar de maneras diversas, entre otras razones porque la economía y mucho menos los mercados son una ciencia exacta y el Gobierno se la está jugando. Es consciente de su desgaste. Sabe que se esperan resultados y no descartan algún que otro abucheo pero al menos su presidente está dispuesto a asumir el pasar a la historia como el gran recortador y ello con la esperanza lógica de que tanto sacrificio de resultados de manera que al final de su mandato pueda ofrecer a los españoles unos mínimos resultados.
El desgaste está garantizado pero se podría aminorar si se huyera de la tentación de afirmar “nunca, jamás”. Más vale callar o cuando menos sortear previsiones que no se tiene la seguridad de poder cumplir. ¿Está seguro el Gobierno que con las medidas adoptadas en lo que a la política de medicamente se refiere se ha conjurado el copago por prestaciones sanitarias? No puede estarlo. Nadie está en condiciones de afirmar cual es el devenir de acontecimientos que no dependen exclusivamente de lo que se haga en España. ¿Tiene la certeza de que no habrá que subir el IVA?
Al Gobierno anterior se le criticaba, con razón, cuando profetizaba situaciones que nunca se produjeron. Este Gobierno, que ya bastante tiene con lo que tiene, ganaría terreno si en su discurso se huyera del “nunca, jamás”. Cuando el abismo acecha, nada mejor que andar con tiento y hablar lo menos posible para no gastar un oxígeno que será necesario para explicar, con claridad, las reformas habidas y las que, según Rajoy, vendrán hasta el verano. El presidente es un hombre realista y a los suyos debería obligar a la máxima de “nunca digas, nunca, jamás”.
Han sido unos días de infarto. La crisis y las sucesivas medidas que va adoptando el Gobierno se están convirtiendo en un bucle maléfico. La prima de riesgo nos acecha, los mercados, insaciables, la bolsa cayendo en picado y todos mirando al Presidente del Gobierno.
Sabia bien Mariano Rajoy en donde se metía y para qué le habían elegido los españoles con una mayoría más que absoluta. A él no le ha ocurrido lo que a su antecesor, cuando en Mayo de 2010 no tuvo más remedio que caerse del caballo y tomar decisiones que, son seguridad, le quitaron el sueño. No hay Presidente en el mundo al que le guste recortar pensiones, subir tasas o billetes de transportes. No hay Presidente en el mundo que pueda vivir tranquilo cuando sabe que su presente y su futuro más inmediato es el continuo reclamar sacrificios a los ciudadanos y a sus responsables políticos.
Ni antes ni ahora Mariano Rajoy ha tenido piel de porcelana. Como ya se ha recordado en muchas ocasiones, ha llegado al poder “llorado”, con más de una herida de “guerra” y sabiendo que España, día si y día también, es percibida por propios y ajenos, al borde del precipicio. La piel en la que ahora habita el Presidente necesariamente se le tiene que estar haciendo más dura. Lo va a necesitar para mantener el ritmo de reformas, ajustes o recortes _que cada cual elija el término_ que cree indispensable para colocar a España en rampa de salida para tiempos mejores.
No tenemos un Presidente frívolo, ni improvisador, ni ocurrente. Tampoco es propicio a las exageraciones, a las descalificaciones sin matiz. Es, además, un hombre educado que cuando quiere sabe transmitir y explicarse. Por todo ello sorprendió sobremanera su airada salida del Senado dejando a los periodistas sin mediar palabra. No es este su estilo y al día siguiente rectificó en el Congreso haciendo justo lo que tenia que hacer. Hablar y explicarse.
La piel que ha comenzado a habitar en Mariano Rajoy es la piel de la lógica preocupación y de la inmensa responsabilidad que tiene sobre sus hombros. Sabe que sus medidas agobian a los ciudadanos y sabe que se le van a pedir cuentas, que la incertidumbre genera ansiedad y que el tiempo ha comenzado a correr. El “tiempo muerto” se ha acabado y la piel que habita Mariano Rajoy, de vez en cuando, se eriza, le quita locuacidad y le invita a la ausencia. Y, no. No son tiempos de ausencias. Son tiempos de disciplina a la hora de que los suyos _Gobierno y partido_ hagan declaraciones públicas y son tiempos en los que los ciudadanos necesitan de la presencia del Presidente para que tantas veces cuantas sean necesaria, explique a los españoles lo que está ocurriendo y las medidas que se adoptan.
La piel en la que habita Rajoy se llama crisis, incertidumbre, paciencia, y , además vértigo, mucho vértigo porque sabe que en sus decisiones está la suerte de los españoles. La piel en la que habita el Presidente tiene que ser, tiene que hacerse piel de paquidermo. Por su bien y por el de todos.
La última salió ayer mismo. Es la encuesta del CIS en la que augura los resultados de las ya muy cercanas elecciones en Andalucía y Asturias. Los populares andaluces rozan la mayoría absoluta y, por tanto, no la tienen garantizada. Estos datos dan la razón, avalan las posiciones más prudentes del partido que ya gobierna en prácticamente toda España y que desde ayer mismo por la noche, ya en campaña oficial, tiene como consigna “dejarse la piel” para lograr “el cambio que Andalucía necesita”.
Esta encuesta, indica, en sentido contrario, el arraigo que pese a treinta años de poder y escandalosas noticias sobre el mal uso y abuso del dinero público salpica a la actual administración socialista. Es verdad que el PSOE pierde, en torno a diez escaños, pero proporcionalmente es menos de lo que ha perdido en las elecciones generales. Aún así, los socialistas andaluces están de capa caída. Sólo un milagro les puede librar de la derrota y esta más que previsible derrota vendría a sumarse a las ya cosechadas. Tendría un letal efecto acumulativo que en absoluto quedaría compensado con su triunfo en Asturias, según augura esta misma encuesta.
Horas antes conocíamos otra encuesta, también del CIS, según la cual para el 89% de los ciudadanos la situación económica es pésima y además destilan desesperanza. No cabía imaginar otra cosa. El paro aumenta y el Gobierno advierte que va a seguir aumentando. La situación es mala y el Gobierno, con datos en la mano, augura que así va a seguir durante todo este año. El paro, el pesimismo sobre la situación han aumentado, y todo ello tiene que ver no sólo con la realidad que, cada día más y con más crudeza, viven los ciudadanos y las familias españolas. Tiene que ver con la crudeza del mensaje del Gobierno que en contraste evidente con el Gobierno anterior ha optado por no andarse con paños calientes, por no anunciar brotes que no llegan y sí poner encima de la mesa las extraordinarias dificultades con las que España se enfrenta y afronta para evitar la caída en el abismo.
Esta encuesta del CIS no ofrece sorpresa alguna y la del Euskobarómetro que desde hace muchos años y con solvencia demostrada realiza sondeos de intención de voto en el País Vasco. Esta encuesta indica que Amaiur puede llegar a ser la primera fuerza del País Vasco. Esta encuesta da al PNV el primer puesto del ranking pero en posición de riesgo porque la izquierda abertzale le está pisando los talones. El PSE perdería un buen puñado de parlamentarios y el PP se mantendría o subiría un escaño.
Tampoco puede sorprender. Amaiur ha logrado subyugar a sectores importantes del País Vasco, incluidos los empresarios donostiarras que sin chista apoyan todas y cada una de las iniciativas que surgen desde la Diputación de Guipuzkoa o desde el Ayuntamiento de San Sebastián. Hay mucha, muchísima gente en el País Vasco que ve en Amaiur la garantía de que ETA no matará nunca jamás, que ve en ellos esforzados patriotas por traer la paz. ¿Qué puede ocurrir?. Pues que el voto útil juegue a favor del PNV que ya aparece ante la opinión pública vasca como el único partido capaz de frenar el avance de la izquierda abertzale, sobre todo en Vizcaya.
Para que este pronóstico no se cumpla, los socialistas vascos tendrían que realizar enormes esfuerzos y, posiblemente, modificar parte de su discurso. Pero el tiempo se va agotando y hoy en el País Vasco lo que se respira es que lo de lehendakari socialista va quedarse en algo así como una anécdota histórica. En el País Vasco si el nacionalismo vuelve al Gobierno volvería para quedarse. Algo parecido a lo que le ocurriría a Arenas si llega al Gobierno andaluz.
En buena hora se le ocurrió decir de sí mismo que era previsible. Apenas siete semanas, solo siete, en Moncloa y Mariano Rajoy ha logrado en varias ocasiones que se nos corte la respiración. Tiene que asumir que dijo que no iba a subir impuestos y los ha subido, que no iba abaratar el despido -los socialistas iniciaron esa senda- y lo ha abaratado. El gobierno y él mismo tienen un amplio y doloroso argumentario para explicar estas decisiones y que se resumen en una: la situación es de emergencia y con decisiones de emergencia hay que responder.
La última del impetuoso Rajoy ha sido desafiar a Europa y sin mover una ceja -así es su ímpetu, silencioso, sin alaracas, sin risas y sin llantos-, ha anunciado que el déficit de España se sitúa en el 5,8 que se acerca mucho al 6 predicho hasta el ultimo instante por la exvicepresidenta Elena Salgado. Lo acordado con Europa era del 4,4 pero con una expectativa de crecimiento del 2,7 cuando en realidad estamos en una recesión de algo más del 1%. Con esta recesión llegar al 5,8 es más impetuoso que alcanzar el 4,4 con una previsión de crecimiento por encima del 2.
Asegura Rajoy que los periodistas acreditados en Bruselas fueron los primeros en enterarse. No hay que descartar que haya habido eso que se llama “trabajo de pasillos”, tanto para que los demás jefes de Gobierno no se vieran sorprendidos como para tantear el ambiente. Y Rajoy debió tantear el ambiente poco o nada proclive la flexibilidad y fue entonces cuando lanzó lo que se ha considerado todo un órdago a la ortodoxia europea. Hay quienes creen -los más críticos con el Gobierno- que detrás de todo esto hay algo de “tongo”, que Rajoy ha aprovechado la ocasión para una operación de imagen cara a la opinión publica española, ahogada por tanta crisis y que esta todo pactado. Cualquier cosa menos admitir que a lo mejor Rajoy ha tenido la inteligencia suficiente para dejar la pelota en el tejado de la UE. A juzgar por las reacciones de algunos líderes europeos la jugada de Rajoy no ha gustado y ellos sabrán como gestionar la “indisciplina” española. Si hay sanciones -cosa que descarta- que las haya, se ha dicho a si mismo el Presidente que al marcar el 5,8 ha trazado la línea roja de lo que está dispuesto a hacer para cumplir con la ortodoxia europea. Ir más allá hubiera sido suicida.
Los socialistas, a través de Rubalcaba, habían abogado por la flexibilidad. Decían, y con razón, que había que convencer a Europa para que ello fuera posible. Lo que nunca dijo Rubalcaba es que se “plantaría”. Y Rajoy, el gallego tranquilo, es lo que ha hecho: plantarse y con ello no sólo alivia los ya duros recortes que con seguridad habrá que afrontar, sino que además ha demostrado no ser vulnerable al vértigo. Desde el minuto uno de su mandato se la está jugando de la misma manera que se la jugó dentro de su propio partido durante varios años. De la aventura interna -lo del PSOE ha sido una broma al lado de lo que ocurrió en el PP- ha salido victorioso sin mover un músculo y no hay que descartar, pese al lógico enfado de amplios sectores de la opinión pública y la legítima crítica de los grupos de Oposición, que de esta salga reforzado. Si con tantas medidas, tantas decisiones impopulares, en 2013 se comienza a ver el final del túnel con una leve creación de empleo neto, Rajoy y su ímpetu estarán más que redimidos