Rosa Villacastín

La grave crisis de la prensa española

Las cifras son demoledoras: 2.600 periodistas se han quedado sin empleo en el primer trimestre del año. 2.600 historias reales, que hoy viven la rabia, el desaliento, la preocupación, la falta de perspectivas, al observar cómo en apenas dos años el paro alcanza ya a 7.000 compañeros, y lo que te rondaré morena, pues aún falta por saber cuantos más se quedarán en la calle una vez que el PP empiece la poda en las televisiones y radios públicas.

Las razones de por qué se ha llegado a esta grave situación son muchas, una es el auge de las redes sociales, de Internet, que te permiten leer lo que se publica en los periódicos de cualquier parte del mundo sin salir de tu casa y sin soltar un euro. Otra es la falta de publicidad debido a la crisis, que es el principal sustento de los medios de comunicación. Y cómo no, la mala utilización que los políticos y algunos de sus satélites hacen de unos medios que no les pertenecen pero de los que se sienten dueños y señores por el solo hecho de haber ganado unas elecciones. Y como ejemplo, sirva la campaña de desprestigio orquestada contra Ana Pastor -no la ministra  sino la periodista de TVE-, a la que no perdonan que no se pliegue al deseo de sus entrevistados, cuando en eso radica precisamente su valía y prestigio, así como la de tantos otros compañeros que ven peligrar su puesto de trabajo solo por trabajar en una televisión o una radio pública que goza del prestigio y del reconocimiento de los ciudadanos.

Pregunto ¿Cómo es posible que se acepte sin rechistar que todo un presidente del Gobierno impida que se le hagan preguntas después de leer un comunicado que nos afecta a todos? Una actitud que se repite con demasiada frecuencia y que los directivos de los medios permiten por no se sabe qué extraña razón. Siendo como son los mismos a los que no les importó incomodar, denunciar, cuando entendían que un político, un banquero, nos estaban mintiendo o se había extralimitado en sus funciones.

De ahí la envidia que sentí viendo el debate entre François Hollande y Nicolas Sarkozy, la cara de ironía de los dos periodistas encargados de moderarlo cuando veían cómo el candidato le hincaba el diente al expresidente o el expresidente le atacaba cuando veía un resquicio de debilidad en el candidato. Un debate que en España no se habría podido llevar a cabo, lo que demuestra la debilidad de nuestra democracia, y lo mucho que quedar todavía por hacer para que los medios vuelvan a adquirir el prestigio que nos permitió llegar hasta aquí.

La crisis no debería ser el vehículo que utilicen quienes desean debilitar a unos medios que sobradas muestras han dado de fortaleza, tampoco para expulsar de las redacciones a quienes se han dejado la vida en ellas, o a los que con savia nueva quieren coger la bandera de la independencia y la libertad de expresión.

Por todo ello, permítanme señalar que el hecho de que este jueves los periodistas hayamos sido noticia en Madrid por manifestarnos en protesta por la delicada situación de nuestro sector, debería ser un aldabonazo al conjunto de la sociedad: sin periodistas no hay comunicación y sin comunicación no hay control de los Gobiernos que es lo que éstos precisamente quieren.

El arrepentimiento del Rey don Juan Carlos: un gesto sin precedentes

Cuando hace años el profesor Javier Tussell advirtió de que el mayor peligro al que se tendrían que enfrentar las monarquías europeas sería el auge de las nuevas tecnologías, sabía de lo que hablaba, de lo difícil que les iba a resultar a los representantes de las Casas Reales, incluida la española, adaptar su modus vivendi a la globalización de las noticias, que terminarían por hacer un agujero negro en el cordón sanitario que hasta ese momento protegía la intimidad de nuestros Reyes, así como en el trato exquisito que han tenido los medios de comunicación hacia un hombre que si bien es cierto que ha obtenido una nota muy alta en el cumplimiento de su deber, también lo es que en los últimos tiempos ha bajado excesivamente la guardia. Razón por la cuál ahora nos encontramos con un problema que añadido a la gravedad de la crisis económica y financiera, pone en riesgo la buena imagen que los ciudadanos tenían de una institución, la monarquía, que ha dado estabilidad y prestigio a nuestro país durante muchos años. Un problema que hay que evitar que se repita, y del que parece ha tomado buena nota el Rey Juan Carlos, pues sólo así se entiende el arrepentimiento que mostró a la salida de la Clínica de San José, cuando ante las cámaras dijo: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”.

Unas palabras breves pero concisas que ningún otro Rey se ha atrevido a pronunciar ante una cámara de televisión, y que ponen de manifiesto la preocupación del Jefe del Estado por el torrente de críticas que le han llovido estos días, y por el malestar de unos ciudadanos que ven como día a día se aprueban reformas que no conducen más que a dificultar la vida de los que menos tienen.

Que el Rey sigue siendo muy necesario para mantener el equilibrio entre las distintas fuerzas políticas, es algo que nadie discute, ya que nos encontramos en unos momentos en que la marca España esta sufriendo ataques hasta hora desconocidos. Ahora bien, si de algo ha servido el incidente del Rey, ha sido para que los españoles sepamos lo que acontece en los intramuros de la Zarzuela, que no es muy diferente a lo que ocurre en cualquier otra familia, con una diferencia, como ninguno de ellos se va a quedar en el paro, el gobierno debería incluirles urgentemente en la Ley de Transparencia, la única manera de evitar que se vuelvan a producir escándalos como el de Urdangarin o la caza de elefantes en un país en el que ni siquiera tenemos representación diplomática.

Sanidad pública: la joya de la Corona

Cuando hace unos días Esperanza Aguirre le hizo entrega de la Cruz  de Honor de la Sanidad madrileña al doctor Luis Manzano -fundador y coordinador de la Unidad de Insuficiencia Cardiaca y Riesgo Vascular del Hospital Ramón y Cajal- no pude por menos que pensar en la suerte que tenemos los españoles por poder disfrutar de una sanidad pública que bien se puede calificar de excelente. Una sanidad que no hace distingos entre pobres y ricos, que cuenta con un plantel de grandes profesionales que como el doctor Manzano se dejan la piel por sacar adelante a todos aquellos enfermos que acuden a sus consultas, convencidos de que serán atendidos con diligencia y entrega total. Prueba de ello es el aumento de la esperanza de vida en nuestro país, que va por delante de Italia y Francia, lo que indica el nivel de especialización de unos médicos que no siendo los mejor pagados de la zona euro, sí gozan de un gran prestigio, sin nada que envidiar a los alemanes o a los ingleses, por poner un ejemplo.

Un prestigio y una calidad que de poco servirá si se llevan a cabo los durísimos recortes impuestos por los actuales dirigentes del PP -especialmente de Rajoy, de Guindos y Montoro-, que pondrán en grave riesgo nuestro sistema de salud público. Un tijeretazo que va a suponer el deterioro progresivo de la que sin duda es la joya de nuestra Corona, y de los que no hay que excluir el cierre de quirófanos, de hospitales, así como el despido de médicos, enfermeros y de todos aquellos que no tengan su plaza en propiedad, tal y como esta ocurriendo en Cataluña, y lo que supondrá la muerte por inanición de una Sanidad pública que hemos pagado entre todos y que junto con la educación eran dos de los mayores logros del Estado del bienestar, que tanta animadversión provoca entre quienes intentan borrar de un plumazo todo lo bueno que se ha conseguido desde la instauración de la democracia en España hasta nuestros días.

Estando de acuerdo en que se puede y se debe racionalizar el gasto, lo que no deberíamos consentir en ningún caso es que con la sanidad ocurra lo que está ocurriendo con TVE, que a fuerza de criticarla, de minusvalorar a sus trabajadores, la audiencia caiga en picado. Deterioro que redundaría en beneficio de los grandes grupos hospitalarios privados, que no digo que no cumplan con su labor, pero que no son la solución para los que menos tienen, que cada vez son más. Y que para más Inri son los únicos que no han tenido ni arte ni parte en una crisis que amenaza con llevarse todo lo bueno que hasta ahora habíamos conseguido.

La mujer-mujer de Alberto Ruiz Gallardón

Llevo días dándole vueltas a un tema que me trae de cabeza, y que en mi caso ya no tiene solución, porque a mi edad tener hijos no es algo que me preocupe, ni que me quite el sueño, todo lo contrario, ya que fue una decisión muy meditada que tomé cuando cumplí los 18 y de la que no me arrepiento en absoluto, lo que para suerte o desgracia me convierte en una mujer sospechosa, pues se supone que sólo aquellas que tienen hijos son merecedoras del respeto y de la consideración de un ministro Alberto Ruiz Gallardón, que ha sufrido la mayor transformación ideológica del arco parlamentario desde que yo recuerde.

Bien está que se promueva desde el ministerio de Justicia la condición de madre, pero cosa diferente es que se castigue a todas aquellas que por una u otra causa hemos decido no optar por la maternidad. Lo que me causa una enorme decepción es que sea precisamente Alberto Ruiz Gallardón, quién abra un debate absurdo, fuera del tiempo en que vivimos, precisamente ahora, cuando lo que hacen falta son políticos imaginativos, con ideas claras, sobre cómo crear empleo y como compatibilizar la vida familiar y laboral, que tan tocada queda en la nueva Reforma Laboral, y que tan difícil resulta de aplicar a todas aquellas mujeres que desempeñando jornadas laborales extenuantes cuando salen del trabajo tienen que preocuparse de recoger a los hijos del colegio o de la guardería, hacer la compra, planchar, decidir qué comerá la familia en los siguientes días, arreglar la ropa, y llenar el frigorífico. Eso sin contar las cada vez mayores dificultades que ponen algunos empresarios a las embarazadas o a las madres que tienen que compatibilizar su profesión con su vida familiar.

Teniendo en cuenta que es al actual ministro de Justicia a quién corresponde repartir “los carnés de la condición femenina”, me gustaría saber cuál es su modelo ideal de mujer-mujer, o al menos, el que le sirve a él de referencia para hablar con la ligereza que lo hace de un tema del que estoy segura que sabe poco o nada, pero que le sirve para contentar al ala dura de su electorado, que no son mayoría en el PP, pero que sí tiene una gran fuerza mediática.

Hace años que conozco a Gallardón, muchos, y no salgo de mi asombro cuando le escucho hablar de temas que antes nunca se hubiera atrevido a tratar en público, por una sencilla razón: los votos que consiguió en Madrid no fueron solo los del PP, sino los de otra mucha gente que creyeron en el talante -perdón por nombrar la bicha-, de un político al que nadie le discute su inteligencia pero sí su eficacia como gestor de lo público y de las emociones de sus conciudadanos, pero sobre todo del interés de la mujer.

De todas las que intentamos pensar por nosotras mismas y decidir qué vida y como queremos vivirla, sin paternalismos y sin presiones políticas.

Ley pionera: prohibir la delgadez

El Abanico

No es habitual, quizá porque el mercado de la cosmética, la estética y la belleza es muy potente, que nuestros legisladores se impliquen en aprobar leyes que impidan la delgadez extrema de hombres y mujeres. Aunque hace tiempo se crearon comisiones parlamentarias con el fin de estudiar la incidencia que estas modas pueden tener en nuestros jóvenes, lo cierto es que estás comisiones, por las que desfilaron representantes de todos los sectores implicados, desde modelos famosas a diseñadores de prestigio, no llegaron a una conclusión definitiva sobre cuál es el peso ideal de una joven que mide 1,80, ó 1,60, entre otras razones porque nadie se considera culpable de cometer delito alguno, pero sobre todo por las dificultades que entraña controlar una corriente que no deja de crecer, y de causar estragos alimenticios, y a la que todos de una manera u otra nos sumamos, aún a nuestro pesar, bombardeados como estamos por poseer una silueta transparente.

Quizá por eso ha llamado tanto la atención que el Parlamento israelí haya aprobado una ley pionera que prohíbe a los anunciantes utilizar imágenes de modelos excesivamente delgadas. Una ley que va más allá y que prohíbe también las fotos retocadas a través de ordenador (que son mayoría), por considerar que todos estos métodos son una estafa (esto no lo dice la ley, lo digo yo) ya que originan modas que desencadenan trastornos alimenticios como la anorexia. Una enfermedad muy extendida, de la que apenas se habla, y que afecta a miles de chicos y chicas en nuestro país.

Doy fe que estar delgada se ha convertido en una obsesión no solo entre los/las más jóvenes, también entre las maduras, más ahora que nos adentramos en la primavera, y las ropas son más ligeras, de manera que no hay forma de ocultar el michelín, o los michelines, cogidos durante la época de invierno, cuando todas las redondeces quedan ocultas bajo el abrigo, los gruesos jerseys o las fajas-coraza, tan de moda entre artistas y presentadoras de televisión. Y digo yo, ¿no sería mejor, más gratificante, que en vez de intentar parecernos a Bar Rafaeli, que es de otro mundo, nos aceptamos tal como nuestra madre nos parió?

Frase que pertenece a un buen amigo, experto en moda, y que no entiende ese afán de las españolas por ocultar sus curvas, o por tener cuerpos de adolescentes cuando han pasado ya la barrera de los cuarenta, o de los sesenta. Si en España hemos legislado contra una costumbre tan arraiga y extendida como el tabaco -no se puede fumar en lugares cerrados-, hagámoslo para evitar que en las revistas, en las pasarelas salga gente que no parecen de este mundo. No hay datos de lo que se ahorraría si se aprobase una ley como la israelí, pero estoy segura que mucho dinero, lo redundaría en la salud de mucha gente.

Los tesoros vivos de la tele

El Abanico

Fue un acto emotivo, un acto que se les debía a muchos de los grandes profesionales que hicieron posible que a España llegara la televisión, que lucharon por ofrecer a los espectadores un medio de comunicación público y digno, pese a las dificultades de los primeros momentos, de la censura que imperaba allá por los cincuenta y de la que nos libramos gracias a un político como Adolfo Suárez y a otros que como él lucharon por la pluralidad de pensamiento y de obra.

Organizado por la Academia de Televisión Española, y su actual Junta Directiva que preside Manuel Campo Vidal, el lunes tuvo lugar en la Universidad Europea de Madrid, un homenaje a los tesoros vivos de la televisión, al que asistieron los Príncipes de Asturias, así como la actual secretaria de Estado de Comunicación del Gobierno de Rajoy, Carmen Martínez Castro. Un acto que presentaron dos grandes profesionales del medio: Matías Prats y Olga Viza, que como es lógico y dada su experiencia hicieron ameno y hasta divertido porque supieron conectar con un pasado y un futuro que se presenta incierto pero al que estoy segura sabremos hacer frente como se ha hecho en otras  numerosas ocasiones.

Ver juntos a Laura Valenzuela, Lina Morgan, Ignacio Salas, Chicho Ibáñez Serrador, Lalo Azcona, Rafael Ansón, Ricardo Vaca Nerdayes, Fernando Castedo, Fernando Navarrete, Rosa María Calaf, Sánchez Ocaña, y tantos y tantos otros buenos profesionales como ha dado en estos últimos cincuenta años la televisión pública y privada, es algo que posiblemente no se vuelva a repetir y que hay que celebrar porque como bien dijo el Príncipe Felipe la televisión es el vehículo que nos permite vivir la noticia al minuto, sin intermediarios que puedan deformar una realidad que está ahí, que todos vemos y que de alguna manera ha configurado nuestra forma de vivir y ver las cosas.

Siendo todos los discursos interesantes el que me llegó al corazón fue el de Rosa María Calaf, que supo poner el dedo en la llaga. Rosa, a la que nadie podrá restar méritos, sabe por experiencia propia que la mujer, las periodistas, pasamos por un momento difícil, un momento agridulce porque si bien es cierto que somos mayoría en las redacciones, como presentadoras de prestigio -ahí están Teresa Campos, Ana Rosa Quintana, Susana Griso y Mariló Montero y mi queridísima Concha García Campoy, ejemplo todas de que pueden hacer cualquier cosa que se les encomiende-, aunque lo cierto es que el poder real sigue estando en mano de los hombres. En eso, al menos en lo que a los medios de comunicación se refiere, no ha habido grandes cambios. ¿De quién es la culpa? Seguramente de las propias mujeres pero también de los hombres. De las mujeres por falta de ambición, no de preparación, porque sigue siendo difícil conciliar vida personal y profesional, y los hombres porque aferrándose a esos condicionantes cierran el paso a todas aquellas que pudiendo acceder a los puestos de mando no lo hacen simplemente porque no las dejan.

Nació en Ávila en 1947.
Funcionaria de carrera por la Universidad Complutense de Madrid, estuvo encargada del Archivo Rubén Darío, en la Facultad de Filosofía y Letras de dicha Universidad desde 1969 a 1983.
Comenzó su andadura periodística en 1971, en el “Diario Pueblo” de Madrid donde se formó profesionalmente, hasta su cierre en 1983.
Doce años durante los cuales ha trabajado en las secciones de Cultura, Laboral y Política. Resultado de ese trabajo es uno de sus libros “La noche de los transistores, el Rey que para el golpe”, que trata de los sucesos del 23 F, que vivió personalmente en el Congreso de los Diputados.
Durante cuatro años trabajó en el “Diario Ya” del Grupo Correo, actual Grupo Vocento, colaborando a su vez en las revistas Panorama, Tiempo, Epoca, Interviú, El Semanal, Mujer de Hoy, Yo Dona, y desde hace catorce años en Diez Minutos donde realiza una entrevista semanal.
Directora de la agencia Anco Press, ha colaborado en Colpisa y actualmente en Europa Press.
En Radio ha colaborado en Radio Nacional de España, Antena 3 Radio, Cadena Ser y Punto Radio.
En Televisión comenzó en TVE 1990 hasta que en 1994 se marcha a Antena 3 TV, al programa “A toda página”.
Un año después dirige y presenta con Ana Rosa Quintana el programa “Extra Rosa”, que se convierte en uno de los programas de mayor audiencia de la televisión.
Más tarde presentaría en la misma cadena “Las mañanas de Rosa” y “La tarde”. Actualmente colabora en “Espejo Público”.
Es miembro de la Academia de las Ciencias y las artes de televisión, y de la Academia del Perfume.
Ha recibido numerosos premios, de los que cabe destacar “Popular de Avila” que le fue entregado por Adolfo Suárez en 1977. El primer Premio de Periodismo “Ciudad de Marbella”, en 1997. El Premio MIDIA, por su trayectoria profesional. El premio Master de Empresas por el programa “Extra Rosa”, el “Garbanzo de Plata”.
En 1998 fue elegida “mujer del Año” por las mujeres de Zamarramala, Segovia. Y “Periodista deL Año” en Guisando, Ávila.
Ha publicado numerosos libros entre otros: “El club de las santas, divorcios sonados de la democracia”; “Mi cuaderno secreto”, “Partir de cero”, “¡Socorro, me estoy pareciendo a mi madre, junto a Carmen Rigalt. “Hay vida después de los cincuenta”, “Querido Imbécil” y “Si a los 60 no te duele nada, estás muerta”..
Desde hace años imparte numerosas conferencias sobre temas de la mujer, y sobre el papel de los medios en nuestro país.